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Fecha de publicación: 09/Mar/2020
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Fecha de publicación: 15/Ago/2011
Es Mi Hijo Hiperactivo?
ES MI HIJO HIPERACTIVO... O SENCILLAMENTE INQUIETO O MUY ACTIVO?

¿Qué tiene mi hijo realmente de hiperactivo? ¿Puede ser que sencillamente sea un niño inquieto y curioso? ¿Es posible que yo no sepa adaptarme a su ritmo de aprendizaje y por eso su conducta sea tan nerviosa? La hiperactividad es una palabra muy seria que no debe pronunciarse con frivolidad: ¡los niños muy movidos pueden no ser hiperactivos 

Artículo publicado en solohijos

No deja de moverse en la silla, tarda una eternidad en hacer los deberes, se distrae por tonterías, he de estar constantemente a su lado, he de repetir la misma orden cinco veces para que obedezca (si es que obedece)... ¿te suenan estas quejas?. La mayoría de padres y madres las hemos sufrido en nuestra piel más de una vez y sin embargo, no todos nosotros consideramos a nuestros hijos hiperactivos. ¿Qué tiene mi hijo realmente de hiperactivo? ¿Puede ser que sencillamente sea un niño inquieto y curioso? ¿Es posible que yo no sepa adaptarme a su ritmo de aprendizaje y por eso su conducta sea tan nerviosa? La hiperactividad es una palabra muy seria que no debe pronunciarse con frivolidad: ¡los niños muy movidos pueden no ser hiperactivos!

Es frecuente que a la salida del colegio escuchemos comentarios como éstos entre los grupos de padres:

- Entre padres:

"Mi hijo no para, no puedo con él, creo que es hiperactivo."

"Dice la maestra que tengo un hijo que se mueve mucho en clase, que es muy inquieto. Quizás sea hiperactivo..."

"Mi marido y yo hemos dejado de salir con amigos los fines de semana o al restaurante para evitar sentir vergüenza del comportamiento de nuestro hijo"

- De una maestra a unos padres:

"Vuestro hijo es muy inquieto, no para, no atiende... creo que es hiperactivo."

La proliferación excesiva de niños "llamados" hiperactivos ha puesto de actualidad una preocupación importante de padres y educadores sobre este tema, de tal manera que un trastorno como es la hiperactividad se ha socializado y se ha convertido en un comentario de corrillo, en un tema de fácil valoración y una forma de poner un cartelito de definición personal a aquellos niños que no entendemos.

En mi opinión, todo ello es consecuencia de un fenómeno social ampliamente extendido entre la población del que no escapamos ni los padres ni los educadores. Cada vez soportamos menos la conducta irregular. Nos gustan los niños despiertos, curiosos, experimentadores del universo que les rodea, pero eso sí... hasta un cierto límite, fuera del cual nos incomodan y nos hacen sentir insatisfechos.

Cuando el niño no se ajusta a nuestras expectativas, al no entender lo que está ocurriendo, definimos al hijo o al alumno con palabras (más bien conceptos) que nos ayudan a encuadrar la situación y nos dan una falsa sensación de tranquilidad.

Más que definir una entidad clínica, cuando a veces hablamos de que un niño es hiperactivo hablamos de nuestro estado anímico personal, de lo que nos cuesta soportar al hijo inquieto que llama constantemente la atención o al alumno que nos obliga a dedicarle más tiempo. Podemos olvidar que los motivos por los que un niño no atiende o no se concentra son muchos: cansancio, aburrimiento, tareas demasiado largas para su edad, inmadurez... Y que su desobediencia puede ser debida también a que no entiende las instrucciones.

Los padres en general no estamos preparados para contener un hijo inquieto. Los horarios laborales, las prisas, la escasa tolerancia a la conducta desobediente fomenta en muchos casos una ruptura emotiva de las relaciones padres-hijos, creando un círculo vicioso de nervios e irritación que refuerza precisamente las conductas que queremos evitar.

Muchos niños medicados y tratados como hiperactivos en realidad lo son porque entran en este perfil de niño inquieto, distraído, que nos obliga, que nos hace sentir la necesidad de implicarnos y de gastar energía, que nos complica la vida cuanto queremos que ésta, tanto en el ámbito familiar como escolar, sea tranquila. Quizás deberíamos reflexionar más sobre las dificultades para educar en el día a día, la falta de pautas claras en la educación familiar, la pérdida de valores en la formación académica antes que proyectar sobre los niños nuestro propio cansancio o ignorancia.

Muchas veces tenemos en casa un niño sobreactivo (no hiperactivo), es decir, con exceso de movimiento pero que con una adecuada contención es capaz de controlarse, atender y seguir las pautas y hábitos de los padres y del colegio. La enseñanza del autocontrol en nuestros hijos es un objetivo de los primeros años de vida en la familia; de ahí que estén apareciendo en estos últimos años niños con falta de hábitos y de ritmos estables de vida, que pasan por hiperactivos cuando en realidad son fruto de una escasa atención a sus necesidades educativas y afectivas.

Podemos considerar entonces la aparición de niños con hiperactividad ambiental, que no es lo mismo que la hiperactividad clínicamente hablando.

¿ Y en la escuela?

Hoy en día algunas escuelas no responden generalmente a las necesidades educativas y de crecimiento de los alumnos. Para dar clase necesitamos niños sentados, escuchando largas explicaciones, con objetivos académicos densos, dando escasa importancia a la vivencia, experimentación y tiempo de descubrimiento donde el alumno sea el objetivo no los contenidos.

Muchos alumnos no encajan en este perfil, se cansan, se aburren y una forma de manifestarlo sobre todo en edades tempranas ( hasta los 8 años) es moverse, distraerse y llamar la atención.

No todos estos niños son hiperactivos y con déficit de atención. Simplemente reflejan una forma de "dar las clases", una pedagogía que no estimula ni activa la atención selectiva de los alumnos y en consecuencia se mueven demasiado, hablan, creando conflictos entre ellos. El maestro con gran número de niños en la clase y con la presión de cumplir la programación pierde su capacidad perceptiva y de selección de aquellos alumnos con necesidades educativas especiales, metiendo en el mismo saco al niño hiperactivo y a aquel que no lo es.

Ser sobreactivo es una situación muy corriente que solo nos dice que existe un exceso de movimiento, diferente del fenómeno hiperactivo, que es una entidad clínica, un trastorno grave, con múltiples repercusiones en todos los ámbitos donde se mueve el niño.

En esta situación, a muchas familias se les abre la esperanza a través de una pócima maravillosa que lo cura todo. Es la famosa pastillita que, dada a un determinado número de niños y en situaciones concretas, permiten solucionar la conducta de un niño inquieto.

Es cierto que esta medicación ha ayudado a muchos niños, clínicamente diagnosticados como hiperactivos, a superar las barreras que le separaban de una relación normal con sus padres, con sus compañeros de clase, con su maestros y consigo mismos, teniendo al mismo tiempo una atención personalizada y un seguimiento multiprofesional adecuado.

Pero hay que ir con cuidado. El abuso indiscriminado de esta medicación, sin pruebas clínicas adecuadas (electroencefalograma, mapa de actividad cerebral, cartografía...) junto con un escaso seguimiento individual, familiar y escolar, la han convertido para muchos padres y maestros en una pócima mágica que libera de las tensiones y de la responsabilidad de implicarnos y de buscar otras soluciones que no sean las de dar solo una medicación.

Por ello, lo primero y más importante es saber si existen unos determinantes, unos signos que nos puedan acercar a una detección precoz, una orientación especializada en estos temas antes de que denominemos a nuestro hijo con tanta ligereza de hiperactivo.

La hiperactividad ambiental se trata de forma educativa, la hiperactividad clínica, la verdadera hiperactividad, exige un diagnóstico neurológico, psicológico y escolar y por tanto una intervención en todos los ámbitos donde el niño vive y se desarrolla diariamente.


Autor: Administración
Fecha de publicación: 02/Abr/2019
Querer es Poder
Las Escuelas barco de Bangladesh o cómo innovar por el bien común. Mohammed Rezwansabe lo que es crecer en un país como Bangladesh donde desembocan más de 58 ríos diferentes. La mayoría ha perdido la definición de su cauce a causa de las lluvias constantes. Caudales que crean inundaciones. Inundaciones que originan desastres. Desastres que han dejado sin casas a muchos habitantes. Miles de familias, diseminadas por el delta, carecen de los recursos básicos para vivir dignamente. En esta región, las niñas no están autorizadas a andar solas, así que, en el caso de que existiera una única escuela y el edificio durara más de un año sin inundarse en el fondo de esta peculiar Atlántida, tampoco podrían acudir a ella. Esta es la filosofía de la organización Shidhulai, la cual ha generado un modelo de escolarización que da sentido a las vidas de más de 88.000 alumnos en Bangladesh. **Un proyecto ingenioso que ha convertido las debilidades y los contratiempos del ecosistema en una oportunidad. ** Ha creado escuelas en forma de barco y en Numa ha utilizado los ríos como principales canales de comunicación. Las barcazas de Shidhulai han inventado un nuevo modelo de escuela, adaptando la estructura física y el plan de estudios al calendario de cosechas y, lamentablemente, también de inundaciones. Para Mohammed Rezwan, estaba claro: si los niños no pueden ir a la escuela a causa del deterioro de transporte y por las inundaciones constantes, la escuela debería ir a los niños. El modelo de Shidhulai no solo ha sido reconocido por su programa educativo para niños y adultos de todas las edades, sino que los huertos solares de los botes los han convertido en una suerte de dispensador energético, flotante y ecológico. Las escuelas-barco son también, de este modo, una estación de energía con decenas de paradas en cada jornada. Cada vez que echan el ancla suministran lámparas LED para la noche, corriente eléctrica para utensilios agrícolas y otras labores y, por supuesto, tiempo de escuela. Esta organización dispone de más de 100 barcos que no solo sirven como escuela. También se han convertido en espacios donde acceder a atención sanitaria, conectarse a internet y recibir asesoramiento empresarial para los agricultores de la zona. Como en muchas ocasiones ocurre, de la necesidad se hace virtud y la innovación con alma aparece para dar respuesta a situaciones de extrema pobreza, con el objetivo de mejorar la vida de las personas a través de la educación. Un ejemplo más de que con buenas ideas y la acción necesaria se puede avanzar mucho más de lo que pensamos. Los verdaderos líderes apuestan por la generación de oportunidades. Una vez más, necesitamos buscar inspiración en el trabajo de otros. Pero de unos otros tan especiales como Mohammed Rezan Datos obtenidos de publicación, Álvaro Merino, 16 enero 2019: http://www.alvaromerino.com/las-escuelas-barco-de-bangladesh-o-como-innovar-por-el-bien-comun/ Esta claro, que de excusas y quejas, no se consigue ningún fruto. Que quienes se quejan de asuntos banales, como la estructura. NO aprovechan realmente las oportunidades. Quién realmente quiere nutrirse y educarse, lo hace. Que la esencia realmente esta en lo básico. Que la carcasa no es quien determina el contenido. Y que los verdaderos líderes se forjan en las dificultades.
Autor: CAFG